“Debemos tener en escena elementos que rompan con lo cotidiano y escapen de lo normal”.

Cuando Juan Carlos Fisher, director de Perfectos desconocidos, se puso en contacto con la arquitecta Nicole Futterknecht para ponerla a cargo de la escenografía y montaje del nuevo proyecto de Los Productores le dijo: “debemos tener en escena elementos que rompan con lo cotidiano y escapen de lo normal”. Dictada esta sentencia no hubo más que poner manos a la obra.

Fue así como Futterknecht, especialista en conceptualización y diseño de construcciones de corte efímero, es decir, que tienen el objetivo de no perdurar en el tiempo, dio rienda suelta a su creatividad. “Anteriormente, ya había trabajado junto a Los Productores para montar Dos+Dos” cuenta Nicole. “En esa oportunidad trabajamos un espacio con lo que yo me sentía muy familiarizada. Bruno Ascenzo, director de aquella obra, tenía una idea muy clara de lo que quería, así que fue sencillo. Me dejó volar un poco, sí, pero en realidad el proceso fluyó bastante bien” agrega.

Lo cierto es que ambas producciones, Dos+Dos y Perfectos desconocidos, se desarrollan en ambientes similares: en casas de amigos que se conocen de muchos años. Sin embargo, el principal reto de la última obra es que su escenografía que no se podía parecer en nada a la de Dos+Dos. “Lo que sucede es que, al analizarlas, ambas podrían compartir la misma escenografía. Por eso que decidimos crear un mundo completamente opuesto. Desde una nueva distribución espacial en cada ambiente, paleta de colores completamente fresca y texturas con otra personalidad hasta un mobiliario que sea innovador” revela la arquitecta. El mundo de Dos+Dos era un loft muy moderno con acabados de fierro y concreto. El de Perfectos desconocidos, por su lado, es un espacio más local. Se trata de una casona barranquina de toques nórdicos que recurre a los colores neutros.

La idea era que Perfectos desconocidos se desarrolle en un espacio acogedor que produzca calma en los espectadores cuando entren al teatro. Un ambiente familiar en el que de un momento a otro empiezan a estallar bombas. Y es que durante la función el público desnuda a cada uno de los personajes a medida que salen sus trapos sucios al sol. “Las sorpresas y enredos que propone Perfectos desconocidos es una invitación a desvestir poco a poco a cada uno de los individuos. Y eso era lo que queríamos lograr también con el armazón de la casa” explica Futterknecht.

Las paredes que separan la sala de la cocina y del baño sobre el escenario no son muros propiamente tales. En realidad, lo que se hizo fue simular la estructura interna de madera que tienen las típicas casonas barranquinas del siglo pasado. “La intención era lograr ver por medio de ellas sin dejar de lado la sensación de que son muros divisorios” aclara. Este concepto, el de desnudar para poder ver a través, converge con el mensaje de la obra.

“Tal como ver a una familia que se muda al proyecto inmobiliario que diseñaste, igual de emocionante es como arquitecta ver eso que en un momento imaginaste ya es una realidad en el teatro” comparte Nicole. “Ver cómo los actores utilizan los espacios, haciéndolos suyos, y que el público logre introducirse en este mundo creado con tanto detalle y esfuerzo. Eso es inigualable”. Y es que, cuando ves que se mezclan los componentes de la escenografía, mobiliario, luces, música, actores, dirección y todo lo demás para complementarse de forma tan natural, sabes que ya es momento subir el telón.